NUM.3 APOLO. LÜNES U DJE JUNIO DE 1907. OOfíO PAG1KAS. PAGINA queda limitada tanta presunción^ tanta 'soberbia. ...i Y en tal contemplación imaginativa, i sacando deducciones aniquiladoras de la razón y haciendo comparaciones entre nuestra esencial pequeñez y nuestra vanidosa arrogancia, el fraile se humillaba más y más ante el Juez ' Supremo se tachaba interiormente de lo que estimaba sus delectos, y se hacía repetidas protestas de una mayor humildad, de un más grande sacrificio, de un soberano desprecio á todo lo terreno, para sólo consagrar su alma, atormentada por el anhelo .divino, al amor de Dios, y á la consecución de su salvación eterna. En tales pensamientos, y rendido ya su cuerpo y fatigado su espíritu de tanta agitación y tanta penitencia, de- terminó darles algún descanso del que tan necesitados se. hallaban. Paróse ante una pequeña mesa adosada á la pared, en la que se columbraban, á la difusa luz de la lamparilla, algunos li1bros de negras tapas» un cilicio, y una calavera; cogió ésta en sus manos des-^ carnadas y amarillentas, la atrajo á sí después de contemplarla breves instantes y posó sus labios febriles sobre la frente pelada y fría, con frialdad de muerte ; después la dejó en el mismo sitio que antes ocupaba, y envuelto en el tosco sayal, dejóse caer sobre un jergón de paja, que no hacía sino aumentar la düi eiáa del entarimado que lo sustentaba. A poco, una respiración acompasada, lenta y algo premiosa, daban á entender que el Asceta dormía. En un principio, su sueño fué profundo; después, la parda silueta, á cuyo superior extremo se destacaba la palidez de un rostro anguloso, terminado en barba espesa y ¿ástaña, comenzó á agitarse angustiosa; su? manos, se entrecruzctron con fuerza? sus ' labios, llegaron á murmurar palabras ininteligibles el fraile sonaba. Su debilitado cerebro, impresionadlo como disco fonográfico por la anterior meditación, reproducía la visión qué. su delirante fantabia entreviera, en terrible pesadilla, tan terrible, como real le parecía al durmiente. El se vería acostado boca arriba; sobre su pecho, como saliendo del techó de la habitación, un ataúd verdinegro, adornado con cintas de orillo que perdió su brillantéz, y en su fondo, un esqueleto horrible, que le tendía sus brazos como aspas, y le miraba con una fijeza que le traspasaba el cráneo; en sus cuencas exhaustas, había un fulgor fosfórico; en sus mandíbulas que chocaban temblorosas y crujientes, fatídicas palabras; y en donde estuvo en vida su corazón, un hierro candenté que jamás se apagaba. El monje, que se creía arrebatado, oprimido, estrujado por el espectro, pugnaba por desasirse de aquellas manos que se hincaban en su carne; en su lucha tremenda, aunque inmóvil, sus pulmones sonaban violentos, sus miembros se retorcían, sus cabellos se erizaban El fraile consigue sacudir el sopor, y despierta; abre sus ojos extraviados por el terror, respira con ansiedad inmensa, y se lanza del jergón para caer arrodillado; elsva sus manos enlazadas á lo alto, y reza reza con verdadero fervor» con hambre de oración. Su cerebro congestionado se despeja; desaloja la sangre acumulada, que vuelve á circular; un dulce escalofrío baja y se entiende por su dorsal espina, sus ojos se humedecen, y su boca prorrumpe en invocadora exclamación ¡Señor..... Señor misericordia tened piedad de mi. i... compa- decéos de éste pobre pecador! Un instante después, la esquila del convento con voz aguda y sonora, toca á maitines: e! frailé se levanta, se . santigua y sale de la celda * * * Alboréa. Por las rendijas de las ma*deras del balcón, penetra una luz suave, velada, que hace salir poco á poco á los muebles de m alcoba de la obscuridad profunda; á su claridad indecisa, se distingue un amplio lecho, értel que descansa un matrimonio; al lado de la gran cama, yérguese una cuna, entre cuyas holandas, aparece la rubia cabecita de una preciosa niña de dos años; Agita nse las ropas blan