LA OPINION UNAS TRADICIONES QUE NO DEBIERON PERDERSE Nazareno marchaban el buen Ladrón y el mal Ladrón, encarnados por hombres del pueblo, que vestían túnica negra y se tapaban el rostro con sendas caretas; la de Dimas, con su color natural y la de Gestas, totalmente negra, como símbolo de su condenación. Los dos ladrones iban amarrados con cuerdas, cuyos extremos llevaba un judío de rostro, el que, de trecho en trecho, preguntaba a uno y otro si aceptaba la muerte en la cruz. Dimas siempre asentía, mientras que Gestas, que con sus evoluciones desbarataba la formación de la Banda Municipal, respondía invariablemente de forma negativa, pero al amenazarle el judío con su puñal asentía resignadamente. Estas y otras escenas merecieron la atención de D. Juan Valera, quien las recogió, igualmente, en su "Juanita la Larga". "Conforme va pasando la procesión que suele permanecer tres o cuatro horas en la calle, se ejecutan pasillos, que casi siempre explica un nazareno cantando una saeta. Para prevenir y llamar la atención del público hacia cada pasillo, otros dos o tres nazarenos hacen sonar las trompetas con su melancólico y prolongado acento. Así, pongo por caso, cuando los evan¬ gelistas van escribiendo en unas tablillas lo que pasa y unos judíos tunantes vienen por detrás haciendo muchas muecas y contorsiones y les roban los estilos, los evangelistas, resignados y tristes, abren entonces los brazos y se ponen en cruz. Las trompetas resuenan otra vez para dar el pasillo por terminado". Valera, al contrario que Albornoz, muestra complacencia por estas escenas cuando consigna: "En fin, para mi gusto todo está tan bien, que si no fuera por el temor de que me tildasen de impertinente y de extenderse demasiado en descripciones impropias de este lugar, seguiría relatando sin cansarme y con deleite artístico cuanto se representa en Villalegre en aquellos días". Cerraba el desfile procesional, la Virgen de los Dolores, de la que a la sazón era Hermano mayor D. Antonio González Carrera, de tan grato recuerdo para mí y creo que para todos. Heredó de su madre, D.a Antonia Carrera, un gran amor por la Semana Santa y a más de la citada Dolorosa, sacaba la Virgen de los Remedios y la Magdalena, que aún se conserva en la casa de una hermana política del que esto escribe. En todos los desfiles de aque¬ llos tiempos, alternaba el redoble, genuinamente egabrense, de las cajas de los romanos, con el "turuntuntún" de los tambores del Nazareno y otras Hermandades; y las notas agudas de las cornetas, con el ronco son de las trompetas de los penitentes, de las que ya hemos hablado. Al referirnos a las antiguas costumbres que se han ido perdiendo, no podemos silenciar a la saeta egabrense, ese canto del pueblo que tuvo en Cabra tan buenos intérpretes que van desde Doroteo Muñiz y Pepe Hierro, trompeteros de Jesús Preso, hasta Veguilla y Curro, el mago de la saeta por martinete, sin olvidarnos de Pepe Barranco, que es un archivo viviente de todo lo relativo a la Semana Mayor. Todo esto que con el devenir del tiempo se ha ido perdiendo, imprimía un sello propio a nuestra Semana Santa, por lo que no sería mala idea tratar de resucitarlo, para no privar a las nuevas generaciones de aquellas escenas con las que nosotros tanto gozamos y que -al igual que Valera- conservamos amorosamente entre el tesoro de nuestros más entrañables recuerdos. Manuel MORA MAZORRIAGA SOLEMNES CULTOS AL SANTISIMO CRISTO DEL SOCORRO El pasado día 4 del actual, finalizó el solemne quinario que la Cofradía del Silencio ha celebrado en honor de su sagrado Titular el Santísimo Cristo del Socorro. En estos piadosos cultos ha pronunciado las homilías el Rvdo. Padre Ramón Cué, S.I., quien, bajo el título general de "¿Quién es Jesucristo?", se ha ocupado de presentarlo como "El que había de venir, el esperado", de quien habló el primer día para, en días sucesivos, estudiarlo como "Maestro", "Hijo del Padre", "Redentor" y, el último, "Jesucristo el Hombre más comprometido y más exigente". Los temas tratados, de indudable interés, expuestos con sencillez, facilidad de palabra y gran acierto en la forma de expresarse, de los que se deducían muy provechosas enseñanzas, han dejado un grato y agradecido recuerdo en los numerosísimos cofrades y fieles que han asistido a los cultos. Como final de los mismos, el último día se efectuó el emotivo acto de recepción oficial como cofrades de aquellos que han ingresado últimamente. En el acto de recepción intervino, por delegación del párroco y director espiritual de la Cofradía, don Francisco Caballero Guerrero, -también allí presente-, el Rvdo. P. Cué, quien dirigió unas sentidas y acertadas palabras a los asistentes, los cuales respondieron luego a las preguntas de ritual consignadas en la fórmula de recepción, para terminar con el rezo del Credo, corporativamente. Por último, don José Burgos, dio lectura a una poesía de su original, alusiva a las homilías del P. Cué. Al día siguiente, domingo 5, siguiendo la costumbre de todos los años, los cofrades tuvieron una convivencia en el Santuario de nuestra Patrona, con misa ante la milagrosa imagen de la Virgen de la Sierra, oficiada por don Francisco Caballero, quien pronunció la homilía, y que había sido precedida por el ejercicio del Vía Crucis, que rezaron subiendo por el viejo camino de las revueltas, con gran devoción y silencio, y en el que participaron más de un centenar de hermanos y hermanas. Finalizada la santa misa fueron entregados diplomas conmemorativos a aquellos cofrades que celebran en este año el XXV aniversario de su inscripción en la Hermandad. Los actos de convivencia terminaron con una comida de hermandad.