LA OPINIÓN concepción europeista, cúpulas que recuerdan arquitectura renacentista italiana o tablas que nos trasladan a la pintura flamenca. Pero esta europeización de América sólo fue posible, porque nuestros grandes monarcas se sintieron tan reyes de Castilla y León como de Jerusalén o de los Países Bajos. A finales del siglo XIX y principios del XX, vuelve a cobrar actualidad este problema, y entonces los pensadores dividen la opinión pública en dos direcciones, que no son sino dos vértices de un mismo ángulo. El dilema es europeizar España a lo Ortega o españolizar Europa a lo Unamuño. En el año 64, a poca distancia de los hombres del 98, este problema deja de ser punto de discusión de filósofos y literatos para convertirse en pieza clave de los políticos. España hoy quiere y necesita entrar a formar parte de la gran familia de pueblos europeos a la que pertenece. Pero conviene meditar que, una auténtica integración con los de fuera, sólo será eficaz cuando la consigamos aquende los Pirineos. Y ninguna fecha más significativa para pedir esta integración nacional, condición sine qua non para alcanzar objetivos políticos más amplios, que este año que trae a nuestros oídos resonancias de bodas de plata. Cuando España celebra oficialmente los 25 años de la Paz, debemos procurar darle autenticidad a esa fecha. Considerar la guerra como un crisol donde se quemó lo mejor de un pueblo que, en un momento de locura, llegó a luchar entre sí, pero de cuyas cenizas ha surgido un hombre nuevo. Que nuestra guerra opere sobre nosotros como un fenómeno de catharsis donde se hayan purificado los espíritus. Que el amor y la comprensión entre unos y otros, supere y borre viejas diferencias. Tachar de nuestro diccionario la única palabra que la patria de Nebrija ha aportado al lenguaje político en las últimas centurias. División, anarquía, lucha de clases etc. Que el recuerdo de la guerra, opere como un proceso vivificador que da savia EL GRUPO DE VIVIENDAS «IOSÉ SOLÍS».-La primera obra que realizó tan ilustre egabrense en nuestra ciudad fue el grupo de casas que se edificó en un solar del barrio de la villa, con una subvención de la Comisaría de Paro. Tras de éste vinieron la barriada de «Nuestra Señora de la Sierra», que se construyó sobre el antiguo huerto de Santa Lucía; la de Francisco Franco y los dos grupos que actualmente se levantan por h Cooperativa «San Rodrigo», cuyas obras van muy adelantadas. D Felipe Solís Ruiz, actual consejero nacional del Movimiento, por Córdoba. nueva a nuevas y viejas generaciones. Que enterremos de una vez el mito de un pacifismo despersonalizador y utópico que niega lo más sublime del alma humana: libertad y dignidad. Que nos decidamos, de una vez para siempre, a construir nuestra paz sobre los sólidos cimientos qué nos recomienda Juan XXIII en los últimos párrafos de la «Pacem in terris> «La paz. decía el Sumo Pontífice, ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas déla justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada en fin con la libertad». Que si queremos lograr un ideal de vida más perfecto para nuestra comunidad, no olvidemos aquel consejo que San Agustín dió a las primeras comunidades cristianas: «unidad en las cosas fundamentales, libertad en las dudosas y, sobre todo, amor y comprensión siempre». Solamente desde estos supuestos, la paz española será digna de la guerra y España podrá presentarse ante el mundo como un pueblo que, consciente de su prooia grandeza, puede entrar pisando fuerte. J. PEÑA GONZÁLEZ Imp. CORDÓN - Cabra