LA OPINIÓN do por sus hijos, por todos sus hijos: por los que subieron a despedirse porque se iban a combatir para salvar a España y por los que, equivocados, se echaron al campo y el 21 de julio arribaron a la Ermita para decir adiós a sus hijos, que formaban parte de la Colonia Escolar que en ella veraneaba, y... acaso también a la Madre. (Alguien sorprendió en el templo a algunos chavales de la Colonia, llorando mientras rezaban a la Virgen por sus padres que se alejaban hacia la zona roja). Tras de 31 meses de angustias y zozobras, tras de elevar incontables plegarias porque se libere a España y retornen los seres queridos; tras de muchos ¡Ay Santísima Virgen de la Sierra! que brotan como un suspiro de lo más hondo del alma del hombre culto o rudo que, cada cual, a su manera, declara de ese modo la raigambre de su esperanza en el favor de la Palo¬ ma Blanca, llega la victoria y renace la paz, la más noble aspiración del corazón humano, que es, según San Agustín, «la tranquilidad del orden», la costante serenidad en el ambiente moral que hace que la vida sea tranquila y fecunda. En este ambiente todo prospera y crece: la religión y el orden social, el comercio y la industria, las artes y las ciencias, la agricultura y el bienestar. La paz que cantaron los ángeles en Belén, la paz que Cristo deseó a sus apóstoles en el día de su Resurrección. La paz, en fin, que gozamos en España desde hace veinticinco años porque María —de Montserrat o de la Sierra, de la Fuensanta o de Covadonga, de Araceli o de Luna: la Virgen— llevó hasta el Altísimo las ardientes plegarias de sus hijos que costantemente la invocaban «Regina Pacis, ora pro nobis». ESPERANZA ¿Estás ya preparado, peregrino, para dar fin a tu jornada dura? No temas, no, que entre la noche oscura se pierda el caminar\de tu camino. Ver a tu Padre, al fin, es tu destino. Ir a tu Padre a paso de andadura. Ser con tu Padre, por la esencia pura del alma, que te dio por don divino. El te abrirá la puerta misteriosa, que ha de llevarte a la perenne luz después de la jornada fatigosa. No temas a la huesa, nt a la fosa. Con tu padre y tu madre está Jesús para la bienvenida jubilosa, cT{Jévés oQópez Castor. Agosto, 1964. í